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Una niña buena de Elísabet Benavent

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Título: Una niña buena

Autora: Elísabet Benavent

Editorial: Suma

Género: Novela Romántica

Sinopsis de Una niña buena de Elísabet Benavent

Júlia Casanovas trabaja en un bar de tapas de Barcelona. Hace ya una década fue una actriz de éxito, pero su naturaleza complaciente la llevó a aceptar un papel que hizo añicos su amor por la interpretación… y su carrera.

Sin embargo, todo cambiará cuando un desconocido aparezca en el local en el que trabaja con un mensaje bastante críptico: «Creo que te necesito».

Júlia ha de tomar la decisión de arriesgarse, ocultarle a su controladora madre que está a punto de lanzar de nuevo los dados y dejarse guiar por su instinto. Lo que desconoce es que además ese golpe sobre la mesa abrirá el cajón de los amores olvidados.

Reseña de Una niña buena de Elísabet Benavent

Julia es ex-actriz, hija de una narcisista y enamorada de la magia de un amor que duró poco. Tiene un trabajo que la sostiene y una vida tranquila fuera de los focos y de las opiniones de su último y humillante trabajo como actriz. Entonces irrumpe Germán, un escritor que la quiere como protagonista de la adaptación de su novela… Ahora, tiene que plantearse qué papel está interpretando realmente en su propia vida.

Tenía muchas ganas de leer Una niña buena. Elísabet Benavent es una de esas autoras a las que vuelvo porque sé exactamente qué sensación me produce su manera de escribir. Puede gustarme más o menos la historia, pero su voz siempre me resulta reconocible, cercana y tremendamente fácil de leer. Y eso, una vez más, está aquí.

El problema es que esta vez la historia no ha estado a la altura de lo que esperaba.

La primera pega es bastante sencilla: me ha parecido demasiado larga para lo que cuenta. Son 584 páginas y, sinceramente, creo que con menos habría ganado muchísimo. No es una novela aburrida, porque Benavent sabe mantener una narración ágil incluso cuando no están pasando demasiadas cosas, pero sí he tenido esa sensación de estar dando demasiadas vueltas alrededor de conflictos que ya estaban claros.

Y ahí está precisamente mi contradicción con esta lectura. Me ha entretenido, pero no me ha sorprendido.

Amor propio, madres narcisistas y el peso de ser una niña buena

La trama gira en torno al amor propio, o al menos eso es lo que promete desde el principio, pero en la práctica se enfoca más en las consecuencias de un triángulo amoroso que, por momentos, se siente egoísta y repetitivo. El triángulo formado por Júlia, Mateo y Germán ocupa muchísimo espacio. La propia Benavent ha explicado que su intención no era plantearlo simplemente como una mujer eligiendo entre dos hombres, sino como una elección entre un amor idealizado e intenso y otro más cotidiano y tranquilo. Entiendo perfectamente la intención. El problema es que, como lectora, yo sí he sentido durante demasiadas páginas que estaba metida en un triángulo amoroso bastante convencional.

Por otro lado, lo mejor de la novela para mí: la relación entre Julia y su madre. Esa figura materna narcisista y exigente y creo que ahí sí hay una búsqueda real de identidad, de límites, de sanación y de amor propio. Sin embargo, ha ocupado muy poco espacio en la novela.

La novela la retrata como una madre narcisista y controladora que ha proyectado sobre su hija sus propias aspiraciones y frustraciones, condicionando tanto su carrera como la forma en la que Júlia entiende el amor, la culpa y la responsabilidad. Ese vínculo explica muchísimo mejor que cualquiera de los romances por qué Júlia es como es.

Aquí sí encontré algo que me interesaba de verdad: porque no todos tenemos la suerte de crecer en una familia maravillosa, sana y funcional. Y me gusta encontrar novelas que se atrevan a recordarlo y no convertir automáticamente a la familia en un refugio perfecto, mostrando personas adultas que tardan años en entender que poner distancia o límites no las convierte en malas hijas.

La verdadera revolución de Júlia, para mí, no está en decidir entre Mateo y Germán. Está en empezar a comprender que no tiene que seguir siendo la hija que su madre necesita para poder convertirse en la mujer que ella quiere ser.

Otros temas destacados en Una niña buena de Elísabet Benavent

Una niña buena de Elísabet Benavent intenta hablar del amor propio, de cómo romper con los patrones que nos han hecho daño y de la valentía de dejar de cumplir expectativas ajenas. Pero, para mí, se queda a medio camino, perdido a favor del triángulo amoroso.

Lo que sí quiero destacar como un gran acierto es el contexto de la interpretación y el rodaje. Conociendo además la experiencia de la autora con las adaptaciones audiovisuales de sus novelas, tiene sentido que se mueva con soltura entre representantes, actores, exposición pública, prensa y todo lo que rodea a una producción. Benavent ha contado que parte de ese entorno bebe de personas y experiencias conocidas durante sus propios rodajes. 

En concreto, en la protagonista se observa en su actuación y en la presión de estar delante de los focos mientras tu vida personal se tambalea… Ese contraste entre lo que muestras y lo que eres me ha parecido muy interesante y muy bien elegido.

También me parece interesante la reflexión sobre el éxito. La novela contrapone Barcelona y la industria audiovisual con una vida diferente en León, e introduce temas como la despoblación, la vivienda y esa idea bastante absurda que a veces tenemos de que triunfar significa necesariamente vivir en una gran ciudad y querer siempre más. Benavent ha explicado precisamente que quería cuestionar esa asociación entre tamaño, ambición y éxito. 

Esa ambientación en León aporta una atmósfera distinta, nacional y muy bien lograda.

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Personajes de Una niña buena de Elísabet Benavent

Júlia Casanovas es el centro absoluto de la novela. Fue actriz, dejó atrás su carrera y ahora tiene la oportunidad de regresar a ella. Además, lleva años condicionada por las expectativas familiares, especialmente las de su madre, y necesita aprender algo que en teoría parece muy fácil: tomar decisiones porque ella quiere tomarlas.

Es, con diferencia, el personaje que más evoluciona. Y aun así, no he terminado de conectar con ella. Entiendo sus inseguridades, entiendo de dónde viene su necesidad de agradar y entiendo algunas de sus decisiones (otras me parecen bastante egoístas), pero comprender a un personaje no siempre significa sentir cercanía con él. En algunos momentos me ha frustrado bastante y en otros simplemente no conseguía implicarme emocionalmente con lo que le estaba ocurriendo.

Mateo es su antiguo amor, esa relación que quedó suspendida en el pasado y que vuelve a aparecer cuando Júlia se incorpora al rodaje, donde él trabaja como director de fotografía. Y siendo muy clara: Mateo me pareció horrendo prácticamente desde el principio. De esos personajes a los que quieres atravesar las páginas para darles una colleja y preguntarles si realmente escuchan lo que están diciendo. No he conseguido comprar su encanto ni sentir especial interés por esa relación pendiente.

Germán Andazola, escritor de la novela que se está adaptando y profesor, representa justamente el otro extremo. Su vida está mucho más vinculada a León y a una concepción del éxito alejada del ruido y la exposición pública. En teoría debería haber conectado muchísimo más conmigo. Y sí, me cae infinitamente mejor que Mateo, pero también me ha parecido demasiado ideal cerca de lo irreal, casi diseñado para representar todo lo que el otro no es. Me faltaron aristas. Un poco más de realidad.

Paradójicamente, las relaciones que más me han interesado no han sido las románticas.

Las amigas de Júlia aportan una dimensión que me habría gustado ver mucho más desarrollada. En esta novela vuelven a funcionar como refugio, contraste y realidad. De hecho, hubo momentos en los que sus propias historias me parecían más interesantes que el triángulo protagonista. Me habría gustado conocerlas mucho más.

Y después está la madre de Júlia. Para mí, el personaje y la relación más interesantes del libro, ya comentado en el apartado anterior.

La pluma de Elísabet Benavent

Y esto es probablemente lo que ha salvado la lectura para mí. Porque puede que la trama no me haya conquistado, que me sobren páginas y que no termine de conectar con los personajes, pero Elísabet Benavent sigue sonando a Elísabet Benavent.

Su narración continúa siendo cercana, natural, divertida cuando tiene que serlo y emocional sin ponerse excesivamente solemne. Tiene esa manera de escribir que parece casi una conversación, ese equilibrio entre pensamientos, humor, referencias cotidianas, sexo, inseguridades y frases que reconoces inmediatamente como suyas.

Eso sí, que se lea rápido no significa que necesite casi seiscientas páginas. Creo que aquí hacía falta un poco de tijera. Con doscientas páginas menos, conflictos más concentrados y algo más de profundidad en personajes como Germán, Mateo y las amigas de Júlia, probablemente mi valoración habría sido bastante diferente.

Conclusión

Una novela entretenida, sí, pero sin el impacto emocional que he sentido con otras historias de Elísabet Benavent. Se nota su voz, se nota su estilo, y eso siempre es un valor seguro. Pero, en esta ocasión, el argumento y los personajes no han terminado de convencerme.

Me quedo con pinceladas: algunos diálogos brillantes, la construcción de la madre y ese poso de verdad incómoda que aparece a veces entre líneas. Sin embargo, creo que podría haber sido mucho más si se hubiera recortado lo superfluo y se hubiera ahondado más en lo importante.

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Llevo unos cuantos años leyendo a Elísabet Benavent, así que podéis encontrar también las reseñas de:


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