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microrrelato

El amor mira con el alma

El sabor de un beso de verdad siempre es único y perfecto. 

Y la gente no lo entiende. Se empeñan en querer historias de cuentos de hadas, sobre todo, para el resto de la gente y da igual el sentimiento interior. 

Así funcionan muchas relaciones. Nunca entenderán lo perfecto de un beso imperfecto. 

La delicia del primer beso. Ese beso dado inesperado e improvisado enfrente de su portal que te da vergüenza contárselo a la gente de lo ordinario que fue. Pues para mí, fue el más deleitoso y verdadero. 

Y el segundo en la orilla de la playa, tras el cual le saqué una fotografía que hoy miraba. Y me siento bien y dichosa porque la foto es única y solo la tengo yo. No circula para que la vea todo el mundo y opinen y le quiten lo bello de la foto con sus comentarios envidiosos e indiferentes. Solo puedo opinar yo, porque solo yo y él estuvimos ahí. Sonríe ingenuo y no mira a la cámara. Su mirada se pierde unos centímetros detrás. Me miraba a mí. Esta foto es lo único que guardo en una caja de dimensiones agradecidas porque solo ella y lo que significa para mí llena toda la caja de sensaciones, recuerdos, añoranza, amor. Y es lo que necesito para alimentar mi alma que se representa en ese brillo de los ojos y que, desde entonces, duerme para despertar solo contigo; con una mirada cómplice en un encuentro inesperado,  un “te echo de menos”, una sonrisa en un encuentro planeado y oculto o un beso en la nada, porque todo desaparece si me besa.